Tras más de 30 años de ley islámica estricta, Sudán prohibió la mutilación genital femenina y permitió la libre circulación de las mujeres

Desde las guerras civiles de la década de 1980, al cabo de las cuales el militar Omar al-Bashir se proclamó presidente en 1989, Sudán vivió bajo la ley islámica, lo cual fue un factor central en la independencia de Sudán del Sur (donde conviven religiones tradicionales africanas y cristianismo) y finalmente en la deposición de Al-Bashir en 2019, reemplazado por un gobierno de transición que se comprometió a llamar a elecciones en 2021.

Como parte de esas reformas, el gobierno del primer ministro Abdalla Hamdok anunció leyes que prohíben la mutilación genital femenina (MGF), eliminan el delito de apostasía (que estaba penado con la muerte) y los azotes como método de castigo, permiten la libre circulación de las mujeres, también con sus hijos (antes necesitaban el permiso de un hombre), y liberan el consumo de alcohol para no musulmanes.

Si bien varios estados de Sudán habían ilegalizado la MGF, la práctica continuaba; ahora se impondrá una pena de tres años de cárcel a quien la cometa. Se estima que el 87% de las mujeres entre 14 y 49 años han sufrido mutilación genital en Sudán, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU); en 29 países de África y Medio Oriente se perpetúa esa forma de violencia contra la mujer (que causa infecciones urinarias, uterinas, renales, quistes, problemas reproductivos y dolor al mantener relaciones sexuales) aunque sólo cinco de ellos la consideran legal.

El reclamo de criminalizar la MGF en Sudán no es nuevo, pero el gobierno de Al Bashir impidió que el Parlamento promulgara esta ley; según BBC, las mujeres constituyeron la vanguardia del movimiento que, tras cuatro meses de protestas, condujo a la deposición del ex mandatario. El actual gobierno opera sobre un equilibrio inestable entre quienes expulsaron a Al-Bashir y sus ex aliados militares, que finalmente facilitaron el golpe contra él.

Las demás medidas que anunció el ministro de Justicia, Nasredeen Abdulbari, incluyen la libertad de circulación de las mujeres, solas o con sus hijos, sin necesidad del permiso de un familiar de sexo masculino y el fin del takfir —la apostasía, o el delito de renunciar al islam— que se penaba con la muerte. El caso más famoso fue de Meriam Yehya Ibrahim Ishag, recordó el medio británico: una mujer embarazada que se casó con un cristiano en 2014 y fue condenada a la horca, aunque logró escapar y actualmente está exiliada en los Estados Unidos.

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